sábado, 1 de agosto de 2009

Memorias de mi Abuelita

Matilde! …. Matilde! me llamaba mi madre, fuertemente pero sin gritar. Siempre tenia que atender rapidamente su llamado si no queria que me fuera mal. Berta, mi hermana y yo, siempre acudiamos sin chistar. Ahora veo a las niñas enchuecando la cara a sus padres o tronando los dientes cuando se les pide algo. Si yo le hubiera tronado los dientes a mi madre alguna vez, me hubiera volteado la cara con una bofetada.

¡Como pasa el tiempo Dios mio! Es como si hubiera vivido siglos enteros. Es como si me hubieran cambiado de planeta varias veces. Tanto asi de diferentes son los tiempos. Son pocas la veces que me pongo a pensar en esto. Es demasiado agobio para mi cabeza. Solo he ido adaptandome a las circunstancias. He cambiado mi manera de pensar . No es que sea debil de convicciones. Es solo que si no lo hacia, me hubiera vuelto loca ante el ritmo que tomo el mundo la ultima mitad del siglo. Si no me hubiera hecho un poco mas flexible, hubiera sido imposible hablar con mis 3 hijas y mi hijo, que ahora son mis mejores amigos y compañeros. Tuve que volver a cambiar para poder hablar con mis nietos. Aunque todavia piensan que soy anticuada. Yo lo se. Pero es que simplemente hay valores y principios que nunca cambian. De esos si estoy segura. Ahora ya estamos en otro siglo. Es el siglo 21, el que esta empezando con mis biznietos. Ya tengo cuatro y el proximo año tendre cuatro o quizas mas, con el favor de Dios. .Para ellos no creo que pueda cambiarme otra vez. Ya estoy muy grande y cansada. Ya se me olvidan las cosas. Tendran que quererme asi como soy. Asi los amo yo a ellos.


No tarda en entrar el invierno. Mi pueblo se cubre de blanco en invierno. Ya hace bastante tiempo que no voy a Cananea en estas epocas. Mis huesos y mis pulmones ya no lo soportarian. Pero tengo estas nostalgias de niña, cuando miraba el paisaje y me parecia que estabamos en el cielo. Al caminar por la nieve pensaba que asi se sentiria pisar las nubes. Soñaba que volaba entre ellas. Todavia recuerdo esa sensacion de libertad cuando corria con los brazos abiertos, con el viento helado golpeandome la cara, hasta casi perder el aliento. Recuerdos. Algunos dicen que es el alimento del anciano. Pero ¿cuándo empezamos a ser viejos? Si es cuando empezamos a alimentarnos de recuerdos, ya era vieja en la adolencencia, cuando empeze a evocar con añoranza la niñez.
Hay un recuerdo muy especial para mi, que no ha sufrido la suerte de desaparecer como tantos otros en mi cada vez mas caprichosa memoria . Es el recuerdo de mi padre jugando y platicando conmigo sentada en sus piernas. El murio cuando yo tenia 3 años. Algunos no me creen que lo recuerde porque era casi un bebe cuando murio y por que ahora estoy muy vieja. Pero si lo recuerdo. Claramente. Yo amaba a mi padre, y ese sentimiento nunca se ha desvanecido. Se llamaba Juan Castro Castro. El construyo nuestra casa con ayuda de un indigena del area. Era una casa chica pero muy maciza. Y lo mas importante es que era nuestra, no le debiamos a nadie. Tenia muros de piedra solida de casi un metro de espesor. Ya no hacen de esas casas. Dicen que fue un excelente refugio contra la rafaga de balas de los soldados en los muchos disturbios que hubo con los mineros por alla de principios de siglo y despues en la Revolucion.


Cuando murio mi padre, nos volvimos pobres, pero gracias a Dios teniamos un techo y una estufa de leña con algo caliente para echarnos a la barriga. De niña no recuerdo haber sentido frio ni calor, ni angustia porque viviamos en la pobreza. Si los niños pueden correr, jugar y divertirse, son felices. Yo no era diferente. Yo tambien fui una niña inocente. Es el crecer lo que duele. Unos, lo hacen poco a poco y tienen la fortuna de gozar el proceso. Otros, nos enfrentamos a alguna situacion tan dramatica, que nos hace que se nos agolpen los años de repente........


Mi madre nos ponia a limpiar la casa y a ayudarle con la comida. Pero cuando terminabamos, nos saliamos a jugar. Rosario era mi amiga de la escuela que vivia a unas calles de mi casa. Nos ibamos caminando juntas a la primaria. Era el invierno de 1932, creo. Tendria yo ocho años. Caminabamos con cuidado. El piso se congelaba y se ponia como resbaladilla. Aunque vestiamos abrigo grueso y faldas de lana, el frio nos laceraba las rodillas y nos ponia roja la nariz. De regreso de la escuela, Rosario se quedaba un rato jugando, pero luego se iba por que las dos teniamos que hacer nuestras tareas. Pero ese invierno, prolongo sus visitas hasta ya muy entrada la tarde. Eso me trajo problemas con mi madre, que no tardo en llamarme la atencion por que me estaba retrasando con mis deberes. Además, yo noté que Rosario dejo de agradarle a mi madre. Yo no encontraba la manera de decirle a mi amiguita que se fuera mas temprano. Siempre que lo intentaba, me cambiaba el tema y me miraba muy raro. Casi podia sentir angustia en sus ojos. Me daba pena. Asi continuamos varios dias. Ella se quedaba hasta que el sol empezaba a bajar y decia - Ya llegó mi mama, ya me voy-.
Por fin, mi madre me dio un ultimatum
- O le dices tu o le digo yo .

Sabia que si mi madre le decía lo haria de una manera muy dura, asi que me arme de valor y al otro día, como pude, de la manera mas sutil, le dije a Rosario que debia irse temprano por que me estaba retrasando mucho en el quehacer.
Me miro muy seria, agacho la mirada, dijo que entendía y se fue. Me sentí muy mal, pero no comprendía la tristeza de sus ojos. Solo era reducir nuestro tiempo de juegos, no era como si nunca nos volveriamos a ver. – Mañana hablo de nuevo con ella – pense. Y asi, comence con mis deberes de la tarde. Mi madre recibió visitas. Ella y unas 3 señoras de la cuadra estaban tomando café en la estancia. Eran aproximadamente las 4 de la tarde. El cielo todavia estaba claro. De repente, se oyó un sonido seco, sordo, y un instante después otro igual. Mi madre y su amigas lanzaron un grito unísono de susto. Me asome a la ventana. Solo ví los pajaros volando, asustados por la detonación. Me fastidiaban los vecinos que mataban a los pichones por pura diversión. A mi madre tambien. Su conversación entonces giró sobre estos y lo molesto que eran. Esperé un momento y entonces sali por curiosidad. No vi a los vecinos matapichones en su lugar estrategico de siempre. Seguí caminando, sin pensar. La calle estaba desierta, en calma. La atravesé y segui de frente. Iba siguiendo el rastro que dejaba el silencio. A dos calles, este se interrumpió abruptamente pues la gente salía apuradamente de sus casas, tomando una misma dirección. Que paso? Gritaban unos, No se- se respondian . Vino de por aca - señalaban otros. Segui el flujo de gente. El auto de la policia – el unico del pueblo - nos paso por un lado con velocidad cuatelosa, derrapando en el pavimento tan resbaloso. Se estacionaron frente a una casa azul de una calle proxima. ¡La casa de Rosario! El corazón se me oprimió en el pecho por un oscuro presentimiento. Corrí lo mas rapido que pude, pero ya la gente se arremolinaba alrededor. Iba llegando tambien la ambulancia del pueblo. Aprovechando la confunsion, me escabulli entre todos hasta el frente, justo para ver cuando sacaban de la casa un pequeño cuerpo, inerte, cubierto con una manta en una camilla. La sangre escurria y caia a la nieve, dejando un rastro carmesi a su paso, escandaloso y triste, que se quedo ahí constrastando a la pureza del blanco de la nieve. Ese contraste nunca lo podre olvidar. La sabana dejaba al descubierto unos botitas negras de charol. Reconoci lo zapatos de Rosario al instante. Me quede como plantada en el piso, con el cuerpo pesado como si fuera de plomo. Senti un vacio en el estomago y una piedra lastimaba mi garganta, impidiendome llorar. Oia a la gente a mi alrededor:
-Pero como es posible que su madre no se haya dado cuenta de lo que pasaba en su casa!-
- El tipo no ha de andar muy lejos, ya lo andan buscando……
- Seguro lo encuentran al desgraciado.
- Murio instantáneamente, la bala le atravesó la cabeza.
- ¡Pobre criatura del señor!
- Dios la tenga en su santa Gloria.

Cuando la gente se disperso, regrese a la casa, caminando lento. Mi madre y sus amigas estaban afuera, seguramente comentando el incidente. Callaron cuando vieron que me acerque. Me le quede mirando a mi madre. Era la primera vez que le sostenia la mirada. Ella no me reto, simplemente me dijo que me metiera a la casa.
Yo no entendí lo que paso hasta años despues. La mama de Rosario era enfermera y trabajaba todo el dia. Rosario nunca supo quien fue su padre. Su madre se junto con un hombre pero nunca se casaron. Este hombre no tenia un trabajo fijo y muchas veces el y la niña se quedaban solos en la casa hasta que la mama llegaba. Estoy segura que ese invierno el empezo a molestarla. Fue hasta ese invierno que ella se empezó a refugiar en mi casa, con el pretexto de jugar, hasta una hora que consideraba segura. Ese dia que la despedí temprano, el tipo quiso abusar de ella. Ella se ha de haber resistido. Quizas lo amenazo de gritar y decirle a su mama. Entonces el tomo su arma y le disparo. Luego huyo. Jamas lo encontraron. La madre enloqueció de dolor. Yo me sentí culpable. Yo la mande temprano ese dia a su casa. Ahora se, por los comentarios que oi a mi alrededor cuando estaban sacando a Rosario, que algunas personas lo sabian. Si no lo daban por cierto, lo intuian. Intuian que el animal abusaba de ella. Y nadie dijo nada. Nadie hizo nada. No quiero pensar que mi madre estaba entre esta gente aunque ¿Por que habia yo notado que a mi madre de repente le empezo a desagradar mi amistad con la niña? Las dudas que me quedan hasta hoy nunca las aclarare y en aquel tiempo, preferi no aclararlas por miedo a encontrar una verdad que no podria comprender y que llenarian de recor mi corazon. Prefiero pensar que mi madre no lo sabia.
En aquel momento quise haber sido hombre. Las niñas son tan vulnerables, tan indefensas. Y despues, cuando se hacen mujeres, tampoco dejan de sufrir maltratos. Senti un gran desamparo. ¿ Que era lo que nos esperaba a mi hermana y a mi? Dios, dame fuerzas, rogue.
Ya era orgullosa y desde entonces tambien fui desconfiada. Me estaba volviendo una joven muy dura. Ese dia, empeze a a perder la inocencia. Ese dia, se me empezaron a agolpar los años.

No hay comentarios: